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Hora Hispana
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» Recuerdos
de la revolución
/ April 26, 2007
Veterans of a revolution defeated with U.S. help reminisce four
decades later in New York
ste
señor de cabellos grises y su amigo de gorra de los Yankees
pueden pasar desapercibidos en Washington Heights o en El Bronx.
Nadie
sabe que son revolucionarios.
Pero
cuando llega la primavera ellos se acuerdan de la guerra, de cuando
se alzaron en armas para defender a la Constitución y casi
logran controlar la República Dominicana.
El
24 de abril de 1965 comenzó lo que los dominicanos recuerdan
como la Revolución de Abril, una rebelión de militares
y civiles que buscaban devolver al poder al presidente Juan Bosch,
elegido democráticamente y depuesto por un golpe de estado.
El
28 de abril, cuando los rebeldes estaban cerca de la victoria, el
presidente estadounidense Lyndon B. Johnson decidió enviar
22 mil tropas a la República Dominicana para evitarlo. Su
administración veía a los revolucionarios como peligrosos
izquierdistas.
"Nosotros
lo que queríamos era una democracia en el país",
dice Cristian Estévez Gil, de 64 años. "Que todo
el mundo trabajara, que todo el mundo pudiera comer".
Estévez
es portero de un edificio en un rincón tranquilo de Riverdale
en El Bronx, pero hace 42 años era un sargento mayor del
Ejército dominicano que detuvo a los jefes del Estado Mayor
del gobierno de facto apenas empezó la revolución.
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| Andrés
Hernández |
"Ese
era un movimiento puramente nacionalista", dice su amigo Andrés
Hernández (65), quien era cadete de segundo año en
la academia militar y hoy trabaja como supervisor de laboratorio
en una fábrica de alta costura en Nueva Jersey.
"Queríamos
reponer el gobierno del presidente Bosch, que había sido
usurpado por un grupo de militares y la oligarquía nacional",
agrega.
os
revolucionarios son recordados como los "constitucionalistas".
Ellos exigían que se respetara la Constitución sancionada
en 1963, dos años después de que el asesinato del
dictador Rafael Leónidas Trujillo abriera el camino a la
democracia en el país. Bosch, un político de izquierda,
fue el primer presidente elegido bajo esa constitución, pero
un golpe de estado de derecha lo derrocó tras apenas siete
meses.
A
cuatro días de haber empezado la rebelión, el embajador
estadounidense transmitió a la Casa Blanca un pedido urgente
del gobierno de facto: EE.UU. debía enviar "asistencia
militar ilimitada e inmediata" para frenar un levantamiento
que tenía "auténtica estampa comunista"
y convertiría al país "en otra Cuba".
Horas
después, con el supuesto motivo de proteger a ciudadanos
estadounidenses en Santo Domingo, llegaron las primeras tropas.
Era la primera intervención militar de EE.UU. en América
Latina en más de tres décadas y el fin de la llamada
"Política del Buen Vecino", instituida por el presidente
Franklin D. Roosevelt.
Las
tropas extranjeras evitaron la inminente victoria revolucionaria.
"Los
arrinconamos y les estábamos ganando", recuerda el ex
capitán de Marina Miguel Zapata, presidente de la filial
Nueva York de la Fundación 24 de Abril, de militares constitucionalistas.
"Solamente
nos quedaba (la base militar de) San Isidro. Íbamos avanzando
para allá cuando llegaron las fuerzas invasoras y nos reprimieron
y tuvimos que replegarnos".
Los
estadounidenses, a quienes luego se sumarían soldados de
seis países latinoamericanos, mantuvieron sitiados a los
rebeldes por varios meses. Tras batallas y negociaciones, se nombró
un gobierno provisional. Al año siguiente, Bosch fue derrotado
en una elección dudosa por Joaquín Balaguer, quien
dominaría la política dominicana por las siguientes
tres décadas. Balaguer reprimió a los opositores con
brutalidad.
apata,
cuyo cuerpo especial de hombres rana fue protagonista de los combates,
dice que muchos de sus compañeros fueron asesinados.
"Estábamos
en peligro, porque de noche en las calles del país mataron
a muchos de nosotros", dice Zapata. "Les tiraban carros
arriba, los ametrallaban".
Muchos
se fueron al exilio. Varios llegaron a Nueva York, donde fueron
pioneros de la comunidad dominicana.
"Se
han integrado a la comunidad y (la revolución) es como otra
cosa, es otro capítulo de sus vidas", dice la socióloga
Ramona Hernández, directora del Instituto de Estudios Dominicanos
de la Universidad de la Ciudad de Nueva York.
Algunos
revolucionarios se convirtieron en activistas comunitarios, dice
Hernández. Y también se transformaron en modelos de
vida para una generación de jóvenes militantes.
"Nosotros
queríamos ser como Caamaño", dice el activista
Radhamés Pérez, en referencia al coronel Francisco
Caamaño Deñó, líder revolucionario que
moriría combatiendo contra el régimen de Balaguer.
En
plena Guerra Fría, el gobierno estadounidense aseguró
que su intervención militar buscaba frenar al comunismo en
la República Dominicana. Pero las fuerzas revolucionarias
incluían a militantes de diversas ideologías. Los
historiadores dicen que Bosch era un izquierdista moderado que quería
tener una buena relación con Estados Unidos.
ras
varias décadas en los Estados Unidos, Cristian Estévez
Gil, Andrés Hernández y Miguel Zapata se hicieron
ciudadanos estadounidenses.
"Es
bastante irónico", dice Zapata. "Vivir y criar
familia e hijos en las garras del monstruo enemigo, es una cosa
en contra de tu propia voluntad".
Hernández,
en cambio, no cree que su presente y su pasado se contradigan.
"Ellos
mancillaron nuestra soberanía nacional", dice. "Pero
yo era un simple estudiante de la escuela militar y (ahora) me he
amoldado al sistema americano".
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