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tribu en Nueva York /
Noviembre 4, 2004
Los garífunas, una cultura caribeña que
pocos conocen.
us
antepasados se salvaron al hundirse los barcos esclavistas que los
traían a América. En el siglo dieciocho, el ejército
inglés los derrotó y expulsó de la tierra que
habían elegido como suya. Hace unos años, el Huracán
Mitch asoló sus aldeas caribeñas. Hoy, enfrentan el
desafío de sobrevivir como inmigrantes en Nueva York.
Son
los garífunas, un pueblo que proviene de Honduras, Belice,
Guatemala y Nicaragua. A pesar de que varios miles de ellos viven
en El Bronx y en Brooklyn, son poco conocidos entre las demás
comunidades latinas.
En
la gran ciudad, ellos buscan preservar su identidad, la de una raza
de sobrevivientes. "Me hace sentir orgulloso saber que hemos
podido trascender en la carrera de obstáculos", dice
Julio King, un músico garífuna hondureño que
vive en Estados Unidos desde hace más de 20 años.
Para
ser garífuna hay que llevar tres razas en la sangre. La tradición
cuenta que este pueblo debe su origen al hundimiento en el Caribe
de dos barcos que traían esclavos africanos a América
en el siglo diecisiete. Los sobrevivientes fueron los primeros negros
en poblar la isla de San Vicente, donde se integraron con los indios
caribes y arawaks.
"Estos
negros venían de diferentes regiones de África y pertenecían
a diferentes tribus, clases y familias", dice el investigador
garífuna Armando Crisanto Meléndez en su libro "El
Enojo de las Sonajas. Palabras del Ancestro".
Un
poco de historia
os
garífunas vivieron en San Vicente por más de siglo
y medio, pero en 1783 la corona británica se adueñó
de la isla y, después de varios años de guerra, los
expulsó. Según Meléndez, un barco inglés
dejó a una buena cantidad de ellos en una isla de Honduras.
Finalmente, se asentaron en la costa norte hondureña y desde
allí se expandieron a otros países centroamericanos.
Durante
las últimas décadas, los garífunas llegaron
a Nueva York con su idioma, sus creencias, su música y sus
comidas.
El
pastor hondureño Celso Jaime, de la Iglesia Evangélica
Garífuna en Brook Avenue en El Bronx, usa en sus sermones
la Sandu Burutu, la Biblia en garífuna. Al predicar,
mezcla garífuna con inglés y español. Así,
mantiene viva su lengua, al tiempo que logra que todos le entiendan.
"La
mayor parte de los adultos habla el garífuna. Nuestro problema
es la nueva generación que está surgiendo, que hablan
inglés y hasta el español no quieren hablar a veces",
dice el pastor.
A
Jaime, quien comenzó su trabajo social en 1987, le encanta
hablar de la comida garífuna. "El alimento para nosotros
todavía es importante", dice, risueño, y ennumera
algunas delicias: el cazabe, "una especie de torta de yuca";
la machuca, hecha de plátano cocido y machucado; el tapado,
un plato con carne y muchas verduras. Por supuesto, el menú
también incluye mariscos y pescados de mar.
Entre
los garífunas hay católicos y miembros de otras iglesias
cristianas, pero no pierde vigencia el dugu, una religión
afro-caribeña que Meléndez compara con el candomblé
brasileño y el vudú haitiano. Gente que participó
del rito del dugu dice que éste dura varios días,
durante los cuales se tocan tambores y maracas y se hacen sacrificios
de comida para comunicarse con los espíritus de los antepasados.
En
defensa de la identidad
a
comunidad garífuna neoyorquina también busca mantener
su identidad a través de varias organizaciones civiles. Una
de ellas es Jamalali Uagucha, "voces de nuestros ancestros",
ubicada en un local en Southern Boulevard en El Bronx, decorado
con máscaras, tambores y banderas garífunas con los
colores negro, blanco y amarillo. Según la presidenta María
Elena Máximo, la organización ofrece clases de inglés,
garífuna, computación y asistencia para la inmigración,
entre otras.
Otra
forma de identificarse es la música llamada "punta"
y su derivado moderno, el "punta-rock". Hace dos años,
Julio King creó la Fundación de Artistas Garífunas
para ayudar a difundirla. "El mismo orgullo de ser garífuna
me hace ser músico y cantar en el lenguaje para seguir celebrando
lo que es ser (garífuna)", comenta.
En
2001, la UNESCO designó a la cultura garífuna como
"obra maestra del legado oral e intangible de la humanidad".
La organización de Naciones Unidas advirtió que la
herencia y el lenguaje garífuna están en riesgo porque
los gobiernos no les dan importancia.
King
dice que ese riesgo se incrementa en Nueva York, donde las nuevas
generaciones se integran a una cultura cosmopolita. "Los jóvenes
imitan lo que no es de ellos, poniendo en peligro la cultura nuestra",
lamenta.
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