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» Ropa
Vieja, Dueños Nuevos /
Mayo 2006
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Imagen
del artículo publicado en VNY, con una foto por Jorge
Sarmiento. |
os
cubanos son cada vez menos en Nueva York. Entre los grupos extranjeros,
pasaron de ser sextos en el censo de 1970 a un distante puesto 26
en 2000.
Pero
uno nunca lo sospecharía si censara los restaurantes cubanos,
los que pasaron de ser sólo un puñado hace unos diez
años a más de veinte en la actualidad, incluyendo
desde sandwicherías y cafés de barrio hasta elegantes
locales con música en vivo y cigarros hechos a mano en el
lugar.
Y
ese crecimiento no se ha detenido aún. Mientras usted lee
esto, se están planeando por lo menos cinco nuevos locales
de comida cubana.
Usted
se preguntará, entonces, si tantos cubanos se fueron a los
suburbios o al sur de la Florida, ¿quienes son los que sirven
la ropa vieja hoy en día?
La
respuesta es: un grupo variado de empresarios estadounidenses, europeos
y latinoamericanos, que incluye tanto debutantes como expertos en
gastronomía. Ellos literalmente se arrimaron al plato al
darse cuenta de que, en una ciudad que se está haciendo cada
vez más latina, había una demanda insatisfecha de
comida cubana.
"Lo
cubano está muy, muy caliente", dice Jeremy Merrin (47),
un sobreviviente de la burbuja de Internet con una maestría
en administración de empresas de Columbia University. Merrin
hizo su debut en el negocio gastronómico en 2002 con Havana
Central, cerca de Union Square. Desde entonces, abrió otra
sucursal más grande a media cuadra de Times Square y ahora
planea una tercera, aún mayor.
Junto
al estadounidense Merrin, la lista de propietarios de restaurantes
cubanos incluye al italiano Marco Britti, su primo franco-italiano
Jean Claude Iacovelli y otro estadounidense, Dan Houle, dueños
de Cubana Café; al argentino Mario Zárate, de Azúcar;
a su socio boliviano Luis Skíbar, que también es dueño
de Cuba y Havana Alma de Cuba; a un estadounidense más, Tommy
Vicari, de Cuba Café; y a la peruana Sofía Luna y
su familia, dueños de las cuatro sucursales de Sophie's Cuban
Cuisine.
llos
se dieron cuenta de que la nada picante comida cubana es aceptable
para la mayoría de los paladares y de que en algunos barrios
y algunos sectores del mercado hacían falta restaurantes
latinos. Si se le suma a esto el status de Cuba en el imaginario
colectivo estadounidense como una isla encantada y prohibida...
se tiene una fórmula instantánea para el éxito.
| Un
Cubano, por favor |
|
Hay
más restaurantes cubanos que son de gente de otras
nacionalidades, pero esto no significa que los propietarios
cubanos se hayan extinguido.
Victor's
Café 52: En el distrito de los teatros, sobre
calle 52, Victor's es toda una institución de la comida
cubana elegante. Víctor del Corral (84) lo abrió
en avenida Columbus en 1963. "Todavía llama todos
los días" desde la Florida, dice su nieta Natalia
Zaldívar-Bonzón.
Rincón
Criollo: Jesús René Acosta (71) y su
hermano Rodobaldo (74) crearon este restaurante tradicional
en Corona en 1976, cuando estaban rodeados de residentes y
negocios cubanos. Hoy, con clásicos como el arroz con
pollo, la vaca frita y los frijoles negros, son los últimos
que quedan.
Little
Havana: "Aquí todo es hecho en casa",
dice Lidia Sharpe, en su pequeño y acogedor local del
West Village, donde ella cocina todo. Desde que abrió
en 1998, se asegura de que los frijoles sean orgánicos
y la carne, de primera calidad. "Casi todo lo que compro
es especial", dice. Y añade que el menú
es "muy sencillo".
Havana
New York: Nacido en La Habana, Raúl Febles
(46) abrió su local en calle 38 Oeste en 1991. "Si
no tiene sofrito, no va a tener sabor", es su lema.
El
Sitio: Debajo de las vías elevadas del tren
7 cerca de calle 69 en Woodside, esta cafetería, famosa
por su sandwich cubano, es otro clásico. |
"Explotó",
dice Zárate (60), sobre la marcha de su negocio en Octava
Avenida desde que el verano pasado decidió convertir el italiano
Terra, que no andaba bien, en Azúcar. Reencarnaciones similares
tuvieron lugar en Calle Ocho en avenida Columbus (antes era Main
Street, un comedor familiar estilo estadounidense), Havana Alma
de Cuba en calle
Christopher
(en su vida anterior era un diner) y en Cubana Café en calle
Thompson, que había sido una tienda de paninis.
En
el caso de Sophie's, una cadena que apunta al público de
la hora del almuerzo, el éxito fue tal que desde 1997 ya
abrió seis restaurantes. (Aunque dos cercanos al World Trade
Center cerraron después del 11 de Septiembre). Además
de dos nuevas sucursales a punto de abrir, la cadena pretende vender
franquicias, probablemente desde fines de año, según
dice Luna (28), una de los cuatro hermanos que están en el
negocio junto a su madre.
Pero,
¿cómo se aseguran estos dueños "no cubanos"
de que su comida sea auténtica?
La
mayoría dice que depositan su confianza en chefs cubanos
o entrenados en cocina cubana. "No estoy simulando ser un chef
cubano", dice Merrin, de Havana Central. "Tomé
elementos auténticos de una cultura maravillosa y los transformé
en un negocio".
laro
que si se les piden opiniones a los cubanos que tienen restaurantes
en Nueva York, sus respuestas van de una educada encogida de hombros
a quejas -mayormente off the record- sobre la gente que se apura
a subirse a una moda que da dinero.
"Todo
el mundo empezó a abrir restaurantes Habana, Habana, Habana",
dice Lidia Sharpe (73), dueña y chef de Little Havana en
el West Village.
"Yo
no tengo un problema con eso, pero es bien importante que investiguen
lo suficiente", dice Natalia Zaldívar-Bonzón
(28) quien, como nieta de Víctor del Corral, pionero de la
comida cubana en la ciudad, hoy está a cargo de Victor's
Café 52.
No
sorprende que todos los dueños no cubanos digan que a los
cubanos les encanta su comida.
"Se
sorprenden", dice Skibar (38), dueño de Cuba en calle
Thompson y de Havana Alma de Cuba en calle Christopher. "No
entienden cómo, si él es de Bolivia, podemos tener
estos restaurantes", añade su esposa y arma secreta,
la cubana Beatriz de Armas (35).
En
lo que todos están de acuerdo es que la demanda de comida
cubana seguirá siendo alta.
"Yo
sabía que lo hispano iba a despegar", dice Tommy Vicari
(51), dueño de Cuba Café en Chelsea y de otros cinco
restaurantes de distintos estilos. "La población hispana
está creciendo y hay demanda por más restaurantes,
más música, todo hispano".
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