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 » La cárcel de Caseros: una historia negra que pronto quedará reducida a escombros / August 21, 2000

asta hace poco, si alguien no sabía el significado de la palabra "lúgubre", no hubiese necesitado un diccionario para enterarse: el mejor consejo hubiese sido que se diera una vuelta por Parque Patricios y se acercara a contemplar la cárcel de Caseros, en alguna noche nublada.

Para la Real Academia, "lúgubre" es algo "fúnebre, funesto, sombrío, profundamente triste". Ese mastodonte de concreto asomado a la avenida Caseros era todo eso: las sombras eran su principal rasgo, la tristeza rondaba a quien lo contemplara.

¿Qué estaría pasando allí adentro, en esa colmena de pabellones, celdas, pasillos?, se preguntaba quien pasaba por allí. Y ninguna de las respuestas que se le ocurrían eran gratas para la mente.

Es que la historia de la Cárcel de Encausados de la Capital Federal, Unidad Penal 1 del Servicio Penitenciario Federal (SPF) -según su nombre oficial- no fue una historia grata: el propio director nacional del SPF, Juan Develluk, la definió como una vida "corta y afiebrada, a contramano del tiempo".

Este edificio monumental de 25 plantas en dos torres paralelas fue el resultado del trabajo de la Comisión Nacional de Construcciones Penitenciarias, que entre 1960 y 1965 la engendró junto a otros dos proyectos: los Tribunales del Crimen, que nunca se hicieron, y un Complejo Penitenciario en Ezeiza, similar al que ahora crece en esa localidad del conurbano.

El inspector general Develluk dijo a DyN que en esos años "este tipo de edificios, en el mundo, se había dejado de construir". La obra tuvo demoras y estuvo paralizada cuando ya se había terminado la estructura de hormigón armado, hasta que finalmente se inauguró en abril de 1979, con el ingreso de 17 detenidos. Estaba prevista para 1.800 personas, en celdas individuales.

De los 25 pisos, 15 (del 3 al 18) estaban destinados al alojamiento de los reclusos, pero además el edificio tenía su propio gimnasio, un auditorio y microcine, una capilla, un hospital propio con dos salas de terapia intensiva y lavaderos.

omo ejemplo de lo avanzado que era el edificio al ser inaugurado, fuentes del SPF comentaron a DyN que "el cine tenía las máquinas más modernas del país. Ningún cine de Buenos Aires tenía esos proyectores".

Sin embargo, semejantes "lujos" para los detenidos tuvieron corta vida: el más grande motín de los 21 años de vida del penal, en 1984, no sólo inutilizó la mayoría de esas instalaciones, sino que prácticamente decretó la muerte del edificio, a tan sólo cinco años de haber sido abierto.

Lo que preveía el diseño original era que los pisos desde el 3 al 16 fueran de alojamiento de presos en celdas individuales, agrupadas en pabellones, con un patio de recreo cada dos pisos.

El piso 17 tenía su propio patio y el 18 era para presos aislados: los que recibían sanciones disciplinarias y los que precisaban que se preservara su integridad física, por tener problemas de convivencia con los demás.

Este era el caso, por ejemplo, de los condenados por violación. Un recluso podía ser destinado al piso 18 por su propia voluntad o por decisión de un juez.

Pero la idea de quienes pensaron la cárcel pronto quedó obsoleta: el penal "jamás pudo recuperarse del 'infarto' estructural que le provocó" la rebelión del '84, según consideró Develluk.

La principal carencia que dejó el motín fue una enfermedad crónica en la "columna vertebral" del mastodonte: los ascensores.

Caseros tenía 14 ascensores generales y dos auxiliares, que parecían suficientes para los movimientos internos pero, como dijo el jefe nacional del SPF, "los motines y la crónica falta de presupuesto se ocuparon de destrozar las previsiones".

l promedio de elevadores que funcionaban era de tres o cuatro, aunque a veces quedaba sólo uno, que debía soportar todo el trabajo mientras eran arreglados los otros.

El deterioro era igual en todos los pabellones: las puertas de las celdas individuales no se cerraron nunca más y las paredes -de ladrillo hueco- estaban llenas de boquetes que los reclusos usaban para moverse entre los pisos.

Desde afuera se podía ver que las ventanas con vidrios eran la excepción: como en una villa de emergencia, cartones o plásticos los habían reemplazado.

Ese edificio moribundo albergó también muchos secretos que se empiezan a develar ahora: el juez Alberto Baños investiga una presunta organización delictiva formada por agentes penitenciarios y presos, en una causa por la que él y su colega Vilma López recibieron amenazas de muerte.

Según se sospecha, los guardias habrían acordado con los presos dejarlos salir de la cárcel para que cometieran robos y luego repartirse los botines.

Las irregularidades detectadas eran tan graves que llevaron a cambiar toda la cúpula del Servicio Penitenciario.

Por la cárcel de Parque Patricios pasaron miles de presos, entre ellos, muchos "famosos". "Los Doce Apóstoles", luego de encabezar el sangriento motín en el penal de Sierra Chica en 1996, fueron alojados en Caseros, donde generaron otra revuelta, al intentar una fuga.

También cumplieron parte de sus condenas allí varios de los militantes del Movimiento Todos por la Patria condenados por el ataque al cuartel de La Tablada en 1989.

a vecina Unidad Penal 16, la "Caseros Vieja" -es de 1898-, también será demolida este año, aunque se preservará su fachada como "patrimonio arquitectónico", según anunció la secretaria de Política Criminal, Patricia Bullrich.

En ella funcionó el llamado "Pabellón VIP", donde se alojaba a menores, ex funcionarios y ex miembros de fuerzas armadas y de seguridad. Por allí pasaron los ex jueces Francisco Trovato y Juan Carlos Wowe, el ex secretario de Lucha contra el Narcotráfico Carlos Green, el ex secretario de Turismo Omar Fassi Lavalle, el ex mayor del Ejército Norberto Bianco -acusado de declarar como propios a dos hijos de desaparecidos- y los ex policías Juan José Ribelli (vinculado al atentado contra la AMIA), Carlos Gómez, Daniel Diamante y Antonio Gerace (los agentes encubiertos del caso Cóppola).

En 1998 estuvo 37 días en Caseros el ex dictador Jorge Videla, acusado de ser parte de un supuesto plan para robar bebés durante la dictadura militar.

El 1 de febrero de 2000 dejaron de ingresar presos a Caseros, y el 9 de agosto, los últimos 19 habitantes de la Unidad 1 fueron llevados a una cárcel nueva en Ezeiza. La vieja Unidad 16 será cerrada a más tardar en setiembre.

En poco tiempo más, la torre de 25 pisos, la imagen más lúgubre de Parque Patricios, caerá demolida en medio de un gran estruendo.

Cuando pase el ruido y la nube de tierra se disipe, en Pichincha 2080 no quedarán más que fantasmas.

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